Porque las palabras nos hacen distintos a las demás especies.
Porque las letras forman parte de nuestra esencia.
Nuestra alma se materializa en papel y tinta y nos ayuda a revelar nuestras ideas e inquietudes. A través de ellas decidimos, reímos, enamoramos y lloramos. Por eso, cada símbolo que aparece en un papel nos determina.
¿Acaso existe algún otro pasaporte más utilizado y simple que nos lleve a la libertad de nuestros sentimientos?
Guardo en un rincón de mi memoria aquella esperanza que mi paciencia adora por conquistar los corazones que admiré en un vaivén de verdades por las que tantas veces luché.
Pero la esperanza muere en un cajón olvidado al igual que mi recuerdo fallece en los corazones de los que me han mirado.
Sueño fugaz, es hora de que te marches en un largo viaje hacia el manantial del olvido en el que el tiempo cicatrizará la pasión de este cuento marcando, cómo no, la espina del remordimiento.
Esperanza muerta, corazón herido que sangra por la condena de haber soñado sin querer en la compasión del amigo.
Sonrío en cuanto vivo y vivo en cuanto sueño en un mundo paralelo, fugaz e instantáneo en el que tú estás pero los demás se van dejando una estela de tranquilidad.
Vivo, vivo soñando con deseos que revolotean en busca de libertad.
Deseos que crecen y me hacen creer en un mundo de esclavos, esclavos del amor y la compasión, que arrancan con fuerza las espinas del rencor sembrando,unidos, los frutos del amor.
Si tu nombre lo sigo en sueños, él me llevará hasta la realidad de mis pensamientos buscando entre la vida y el sueño un lugar común en el que sonreír sin aturdimiento.
Admirando la gracia de tu magia, mi corazón no olvida la belleza de tus sueños, sueños que se entremezclan con los míos y me dejan volar bajo papel y lápiz hacia aquel mundo que solo tu magia puede alcanzar.
Con retraso, eso sí, pero con la cercanía de julio sobre la nuca, os presento el segundo libro de este mes que se acaba. Si lo recordáis prometí dos libros para este mes ya que en mayo no pude presentaros libro alguno. Hace mucho tiempo, un par de años para ser exactos, leí un libro de origen español, (ya sabéis que en literatura España no se queda muy atrás) bajo el nombre de "La catedral del mar" del autor Idelfonso Falcones, también conocido por su última obra "La mano de Fátima" el cual no he leído. Sinceramente, la historia no es un tema que apasione, aunque bien es cierto que presto mucho interés y curiosidad en él. Siempre es interesante descubrir el por qué del presente, profundizar en nuestros ancestros y descubrir su pensamiento y así comprender un poco más el presente. A mí me despierta más interés sobretodo la Edad Media, una época que para mí está llena de magia e historias cargadas de sentimientos. Cuando por entonces, el concepto consumismo o capitalismo no existía en todo su significado. Gracias a este libro despertó aún más mi interés por lo medieval y arcaico, una novela que explica muy bien la situación política, económica y social del siglo XIV en Barcelona, una ciudad que ha influido mucho en la historia de España.
Aquí os expongo el argumento: "Siglo XIV, Barcelona. Bajo la Corona de Aragón, la ciudad condal se encuentra en su momento de mayor prosperidad y los habitantes del humilde barrio de pescadores de la Ribera deciden construir, con el dinero de unos y esfuerzos de otros, el mayor templo marino jamás conocido: Santa María de la Mar.
Mientras se construye el edificio, Arnau Estanyol va creciendo y descubriendo Barcelona. El hijo de Bernat, un siervo de la tierra que huyó en su día de los abusos de un señor feudal con su hijo de meses, trabajará como palafrenero, estibador, soldador y cambista mientras vive una vida extenuante siempre al amparo de sucatedral. Su vida, con una historia de amor complicada, pasará de la pobreza del fugitivo a la riqueza del noble, no sin provocar la envidia de sus enemigos que trazarán una conjura para llevarla hasta la Inquisición."
No se trata de un libro pesado, al contrario, es muy ameno ya que nos explica la construcción de la catedral, que será el tema central sobre el cual girará el trama del libro, a través de las vivencias de Arnau, el protagonista que sobrevive a amores, muertes, tragedias y un juicio final del que saldrá triunfando.
En definitiva, una novela que no tiene desperdicio.
PD: Aunque no venga el caso, deseo añadir que el comienzo de julio traerá numerosas novedades que os informaré a lo largo del mes. Ante el cambio estético del blog, os anuncio un nuevo ritmo del blog que lo hará ser mucho más dinámico y no tan abandonado como antes. Y, cómo no, os doy las gracias a mis seguidores, gracias por seguirme y apoyar mis escritos. Gracias y un beso.
Se sucedieron incómodos y prolongados silencios en los que acariciaba su mano suave y pellejuda haciendo pequeños círculos. No dejaba de ojear el reloj viendo cómo se pasaba el tiempo sintiéndome cada vez más inútil.
-Abuela, ahora es cuando tienes que sacar fuerzas y salir adelante. No estás sola, nosotros te queremos y estamos aquí para lo que haga falta.
-Pero si no las tengo, no las encuentro por ningún lado.
Otro silencio igual que el anterior. Qué iba a decir yo ante eso. Ella contaba con años de experiencia mientras que yo ni siquiera había empezado a andar por el camino que nos prepara la vida.
-Hija, la vida es muy injusta. Es muy difícil y muy dolorosa.
Volvió a coger su pañuelo y, temblando como estaba, se secó las lágrimas. Tan inútil como me sentía, en esos momentos solo se me ocurría besar sus manos chiquitas y desgastadas por el trabajo de toda una vida.
-Aunque sigas sintiendo ese dolor, poco a poco todo volverá a su cauce, poco a poco empezarás a entretenerte con tus plantitas.
-A mí este dolor no se me va a ir mientras viva. Me acuerdo todo el día de él. Cierro los ojos y lo veo bajando las escaleras, sentándose con el perro, viendo la televisión, con el coche… Desde que nos casamos nunca nos hemos separado, nunca, y ahora que se ha ido, este dolor no se me va a ir.
-Abuela, mira el lado positivo, siempre ha tenido problemas con el corazón, y podía haberse ido hace mucho tiempo. Y además, acuérdate de todos los buenos momentos que habéis pasado juntos.
Inspiró hondo, y algo más relajada y cálida me habló con dulzura.
-Es que con él todo han sido buenos momentos. Jamás me ha puesto una mano encima y hemos estado uno con el otro siempre. ¿Sabes? Cuando me casé con él, ese día nací. Empecé a vivir de verdad.
Y, dejando a un lado el dolor, comenzó a contarme su juventud, cómo juntos salieron de la pobreza y crearon la enorme familia Castillo, una familia enorme y sana, una familia de la que ya cuentan con bisnietos, uno de los cuales soy yo, su bisnieta mayor. Sin embargo siempre hemos tenido una relación más cercana, de abuelos a nieta, una relación que debido a eso siempre se ha mantenido unida.
Poco a poco los silencios no resultaron tan incómodos, sino necesarios. Y aunque la conversación no fuera tan vivaz como tiempos atrás, sabía que no podía pedir más. Poco a poco desvié ese tema tan doloroso a otros más superficiales y rutinarios, desde el canario que le regalé a mi madre por su cumpleaños hasta de la universidad en la que estudiaré el curso que viene. Y, en un fugaz instante que solo duró un pestañeo, pude observar una pequeña sonrisa. Una sonrisa entre arrugas, que no conseguía ocultar la tristeza de sus ojos, pero que para mí fue la sonrisa más hermosa que había visto en mucho tiempo. Una sonrisa por un nuevo esfuerzo para volver a vivir, esta vez sola, pero con una fuerza que solos los que la conocen de verdad lo pueden confirmar. Y sé que mi bisabuelo estará allí, viéndola todos los días y mandándole las fuerzas que le faltan para volver a caminar.
Abuelo, nunca olvidaré las conversaciones en el patio en las tardes de primavera, ni olvidaré tu butaca que ahora está vacía en la esquina, ni tu amor por la buena comida, un amor que yo también vivo, ese amor que compartíamos la familia comiendo ese plato de arroz de marisco con el que tanto disfrutábamos. No te olvidaré abuelo.
Aunque sé de sobra que ya nada volverá a ser como antes, te pido que estés con ella y le ayudes superar este dolor, a que poco a poco la rutina la salve de esta espina que se le ha clavado en su bondadoso corazón.
Ahora que ya que mi vida vuelve a estabilizarse poco a poco, trato de acercarme una vez más, a aquel mundo que tanto llegué a amar. Un mundo lleno de fantasía, dificultad y felicidad. Pero aquí estoy, tratando de volver a sacar brillo a este blog que abandoné para conseguir mi otro sueño: ser veterinaria. ¿Raro, verdad?
Volviendo al título de esta entrada, hoy voy a hacer memoria de uno de los más grandes de la literatura española, especialmente en la poesía. La antología poética de Antonio Machado.
Muchos de los que habréis estudiado para selectividad o, simplemente, hayáis hecho un bachillerato, habréis oído de él. Yo lo conocí así, por un trabajo, por un deber del que gracias a él conocí a la verdadera y desnuda poesía. Desde que empecé a escribir, la poesía la había mantenido aparte, creía que pertenecía a un mundo ajeno al mío, pensamiento totalmente erróneo. Recuerdo el día en el que comencé a buscar alguna poesía para completar mi trabajo, y en esas, no pude decantarme por ninguna. Todas me parecían de una calidad sensorial espléndida y quería seguir y seguir conociendo un poco más las desventuras de este poeta. Entonces comencé a buscar a más poetas célebres que me hicieran sentir lo que me hacía sentir Machado. J.R. Jiménez, Lorca, Cernuda, Alberti... pero no me aportaban ese mundo tan transparente como me lo transmitían las poesías de Antonio. Y así fue como me atreví yo a ser poeta, no pretendía llegar muy lejos con mis poesías pero disfrutaba con ellas y con eso me bastaba.
Por eso os dedico a Machado a aquellos a los que les guste la poesía llena de simbolismo y sentimiento, porque yo nunca me canso de leer y releer una o otra vez sus poesías que ya permanecen en mi memoria como un cúmulo de sensaciones que hacen palpitar a mi romántico corazón.
Antes que nada os doy mis más sinceras disculpas por haber dejado tan abandonado el blog durante este mes. Bien es cierto que os prometí un libro para el mes de mayo y no he cumplido la promesa. La verdad es que ha sido un mes bastante ajetreado por los exámenes finales y apenas he tenido tiempo de escribir nada sustancioso. Si me queréis dar una última oportunidad para el mes de junio os "prometo" DOS libros que he leído y os los recomiendo.
Ahora ya que os he explicado o al menos intentado explicar el por qué de este abandono; os dejo mi última poesía.
PAJARILLO HERIDO:
"Pobre el gorrión que aún no ha huido de su prisión."
Las ideas de mi mente desaparecen de mi horizonte y reaparecen rencorosas en la mirada de los inocentes.
Hoy soy gorrión, gorrión muerto, que es cautivo de su propio temor.
Pajarillo herido de la patita con la que solía caminar.
Tú, víbora, enséñame a andar, cúrame de tu veneno y déjame volar.
Porque hoy no quiero alimentarte con mis restos, hoy quiero dar pequeños saltitos para mañana echar a volar.
Hoy, como otros innumerables días, entro en este cuchitril que llamo habitación y te busco sin demora. Te encuentro en el rincón de siempre, hoy tampoco me abandonaste. Te abrazo y trato de hallar el consuelo a todas las emociones acumuladas del día. Me sumerjo en tu suavidad y en tu dulce olor a inocencia. Con ojos brillantes te pregunto qué es lo que ha cambiado hoy con respecto a los otros días. Tú, como de costumbre, no respondes. Yo te vuelvo a preguntar por enésima vez por qué me pasa esto a mí, y tú permaneces impasible, como siempre. Entonces rompo a llorar desesperadamente porque he necesitado todo el tiempo que llevo viviendo, que es bastante, para conocer la respuesta. Me cubro el rostro con las manos ignorándote por unos segundos. Cuando me vuelvo a acordar de ti, te presento mi teoría. “El ser humano es gilipollas”.
Así es. La estupidez es la culpable de que nuestra especie se considere imperfecta. Ante tal confesión me observas de forma indiferente con tu habitual sonrisa en los labios. Hipócrita. En realidad, te pareces tanto a mí…
Está bien, al ver tu sarcasmo no puedo evitar darte la explicación de mi teoría tan general y rotunda. El ser humano es gilipollas, estúpido, idiota, tonto, bobo, imbécil, etcétera, por una razón muy simple; le resulta muy fácil criticar, sin embargo, le resulta imposible juzgarse a sí mismo con objetividad. Y punto. ¿Ahora qué me dices?
Nada, repetidamente me ignoras y me envías miradas y sonrisas empalagosas. Ciertamente, todo hay que decirlo, no es nada nuevo para ti. Ni para mí. Por la razón que he citado anteriormente, soy gilipollas. Soy estúpida en el colegio, soy imbécil en los pasillos de éste, soy idiota en los recreos y soy subnormal del todo con mis compañeros de clase. No tengo amigos, sólo te tengo a ti. Culpo a mis compañeros de que pasan de mí y se burlan a mis espaldas, que no me dirigen la palabra, que son malvados pero, ¿es que yo acaso alguna vez les he saludado siquiera? Ni eso. Es muy fácil criticar.
Pero esto se acabó, no es que vaya a dejar de ser estúpida, pero sí que voy a ser una persona a partir de ahora. Y voy a empezar despidiéndome de ti. Porque siempre he sido como tú: hermosa e indiferente por fuera y pura sensibilidad por dentro. Y hoy ya no quiero ser así: una muñeca con ojos de cristal y sonrisa pintada.
Hoy quiero llorar, quiero reír, quiero hablar, quiero luchar y perder, quiero competir y ganar, quiero enamorarme, quiero querer, quiero ser feliz de verdad y no quiero fingir. HOY QUIERO CRITICARME Y QUERERME POR ELLO. Por eso, mi dulce amiga, adiós.
Sí, así es. Pienso en ti, y eso es malo. Tan malo que lloro por dentro cada vez que te veo esquivar mi mirada. Tan malo que huyo y huyo y no consigo salir de esta tonta aventura. Tonta, tonta, tonta. Una y mil veces tonta. Tonta por no mirar hacia otro lado y enseñarte lo feliz que soy sin un poco de tu amor.
Es una guerra perdida. Y, la verdad, no sé por qué me sorprendo ahora cuando llevo años detrás de tus pasos, detrás de tu vida y conociéndote cada día un poco más en la distancia. Pero ahora la cosa ha empeorado. Empeoró en el momento en el que cuando tus ojos se encontraron con los míos, éstos se me llenaron de lágrimas. Y, a partir de ahí, no hay momento en el que no quiera llorar de frustración al recordar los opuestos que somos tú y yo.
Rezo por las noches porque por una vez sea el centro de tus sueños, aunque solo sea por un segundo. ¿Cómo puede ser posible que me persigas allá a dónde voy? Cuando estudio, ahí estás tú, cuando un chico me sonríe, en su sonrisa estás tú y cuando sueño, tú eres mis sueños. Soy fuerte, soy fuerte, no funcionaría, es una estupidez. Lo mío sí que es pecado, llorar porque estés bien, porque todo te vaya bien, y porque pueda ver un día más tu sonrisa a metros de distancia.
En qué me habré fijado de ti. ¿En tu físico? ¿En tu personalidad? Como si eso te importara. Tranquilo, no me interpondré en tu vida, solo quería explicarte el porqué te sonrío siempre, aunque no venga a cuento, ahora que ya me marcho. No te asustes, no es amor, lo sé, es la edad. Es la edad de decir tonterías. Ya se me pasará.
En realidad, solo quería agradecerte por esos momentos en los que me coronaste reina. En aquellos momentos en los que me mirabas a hurtadillas con brillo en los ojos y me seguías con la mirada. Por aquel momento en el que, a escondidas, pude contemplarte a mi lado dormido. Y por aquella sonrisa que me devolviste con confianza. Gracias por hacerme sentir tu reina por unos minutos. Y no te preocupes por mí, yo estoy bien. Estoy segura de que pronto encontraré al hombre de mis sueños y tendré la suficiente madurez para decirle “te quiero” y enamorarme de verdad, como debe ser. Porque esto no es amor, es pura obsesión.
Para dar la bienvenida al mes de abril, para este mes que conmemora a los libros, yo os voy a presentar uno de los libros que he leído que más me ha hecho reflexionar.
Voy a comenzar esta nueva sección que se expondrá a principios de cada mes, con un libro que supongo y espero que lo hayáis leído algunos de vosotros, o que lo leáis después de leer mi recomendación.
Este mes vamos a hablar de “El perfume: Historia de un asesino” de Patrick Süskind. Os resumo el argumento: Grenouille desde que nace ya tiene fijado un destino trágico que le lleva a la soledad y al odio. Crece sin amor y sin nadie que apenas le preste un poco de calor humano. Toda la gente le teme porque lo ven como un monstruo, como un demonio. Sin embargo, Grenouille tiene el sentido del olfato muy desarrollado y puede detectar el origen, la composición y pureza de cualquier olor, lo que hace que, cada vez más encerrado en sí mismo, solo se limite a recoger más olores para crear el perfume más perfecto de todos. Pero, por desgracia, el mundo sigue dándole de lado ya que, por una parte, él es incapaz de reconocer su propio olor lo que le provoca una crisis existencial. Pero un día, Grenouille descubre un nuevo olor que se caracteriza por su pureza y fuerza. Pronto se da cuenta de que este olor tiene su origen en las jóvenes vírgenes, y para obtener ese olor en su poder, el perfumista no se detiene a poner en práctica un método que implica la muerte de dichas jóvenes. Su avaricia crece viendo el deseo de su vida en el perfume que él crea que tiene el poder de sucumbir a quien lo huele. Con todo el poder para conquistar el mundo entero, su odio y su incapacidad de amar, le hacen plantearse el sentido de su vida, puesto que si él es incapaz de amar, ¿quién lo iba a ser por él?
Este libro lo leí el año pasado y me impacto mucho. He de reconocer que el principio del libro se me hizo muy pesado porque me parecieron muy extensas las repetitivas descripciones que el autor escribía sobre el mundo de los olores, aunque esta opinión es subjetiva. Pero, el final se lleva un diez. La enseñanza tan valiosa que nos da sobre la humanidad y el amor es tan impresionante que destruyen incluso a un cruel asesino. El autor nos demuestra que el amor es lo que importa, lo que merece la pena y que es un sentimiento del que tenemos que sentirnos dichosos. Desde aquí doy mi enhorabuena al autor por enseñarnos lo insufrible que puede ser el odio y la perspectiva del amor como el poder supremo. También, cómo no, os animo a que lo leáis y me lo comentéis cuando lo hayáis hecho.
El mes que viene os presentaré otro libro. Mientras tanto, os dejo un fragmento de “El perfume” que recoge más o menos lo que he comentado:
“Podía hacer todo esto cuando quisiera; poseía el poder requerido para ello. Lo tenía en la mano. Un poder mayor que el poder del dinero o el poder del terror o el poder de la muerte; el insuperable poder de inspirar amor en los seres humanos. Sólo una cosa no estaba al alcance de este poder: hacer que él pudiera olerse a sí mismo. Y aunque gracias a su perfume era capaz de aparecer como un Dios ante el mundo… si él mismo no se podía oler y, por lo tanto, nunca sabía quién era, le importaban un bledo el mundo, él mismo y su perfume.”
En esta etapa de mi vida, en la que comienzo a torturar mi mente llenándola de paradojas y conjeturas, no puedo dejar de preocuparme por preguntas tan estúpidas como el sentido de la vida. No dejo de observar mi alrededor y entenderlo como si se tratara de las piezas de un puzle. No obstante, lo peor es que no descubro nada bueno en esta peculiar aventura que nos prepara la vida.
No logro comprender el fin de toda esta sociedad que se mueve al ritmo de la envidia, la soberbia y el egoísmo: ¿dónde están los valores que nos enseñaron de pequeños? ¿Dónde quedan la justicia, la solidaridad, la verdad y el amor? ¿Qué hay de la bondad?
No puedo ver más allá del éxito de personas que han alcanzado la fama y la riqueza a través de hechos banales y comentarios sin novedad, mientras que los que se han esforzado para conquistar sus sueños, como nos han enseñado, se han quedado en la puerta de la felicidad y se quedan atrás de los que desean el poder.
En esta etapa de mi vida, no consigo darle claridad a esta lucha contra la honradez. No sé qué es lo bueno, qué es lo que conlleva todo esto, por cuál camino decantarme… No sé si merece la pena decir la verdad, compartir, amar, o, por el contrario, si lo mejor es caer en el instinto que nos hace ser monstruosos a los ojos del mundo.
El mundo es raro, pero hay veces en las que soy yo la rara. El otro día mismo, con un resquemor en el pecho, gruñía frustrada por la injusticia, lo mal repartido que está el mundo y lo mal que acaban esas personas que miran el mundo con ojos de cambio y progreso. Sí, fue uno de esos días en los que quieres dejar la voz para gritarle al mundo el mal camino que está tomando.
Y ayer, quizás fuera por aquel sol brillante andaluz, sonreí para mis adentros y deseé subira una colina para contemplar cuan maravilloso es el mundo. Ese día pues estaba agradecida y orgullosa por vivir, por poder observar la belleza que nos esconde la vida.
Y hoy, mejor que antesdeayer y peor que ayer, concluyo con que sí, es verdad, hay momentos que dan pena, mucha pena, pero que son compensados con la satisfacción de ser queridos, de levantarse tras una caída y de poder contárselo a los demás. Porque como últimamente pienso, lo bello no sería tan sublime si no existiera lo horrible, lo espantoso y lo nefasto.
Una vez más doy mi apoyo para mirar al cielo con orgullo y satisfacción porque de lo horrible siempre, siempre, se aprende.
Aquella noche era especial, y lo sabía muy bien. En la oscuridad, entre las risas de los demás, más lejos de él de lo que deseaba, estudié a hurtadillas cómo dormía.
Mis ojos se inundaron de una ternura infinita. Ahí, tendido en el suelo, indefenso, inconsciente de mis miradas de amor. El corazón me ardió en una llamarada de amor, y deseé estar ahí, a su lado, sintiendo su respiración entremezclándose con mi aliento. Observar cómo su cuerpo se hinchaba lentamente del aire que necesito para vivir. Y me dieron ganas de llorar.
Llorar por no tenerlo, por no poder decírselo y por no poder acercarme más a él, dormirme bajo sus ronquidos, acariciarle la cara y susurrarle un te quiero. Mi corazón balbuceaba y deseé con urgencia que el tiempo se detuviera y poder contemplarle horas y horas, cada vez más encandilada por aquel hechizo que me hacía creer en los milagros.
Él abrió sus ojos y yo me hice la dormida. Sentí sobre mis párpados la confusión de aquel hombre y algo de curiosidad espontánea que se iba desvaneciendo con el tiempo. Impaciente por verlo de nuevo, abrí los ojos y nuestras miradas se encontraron. Fue una mirada rara, inusual, sin sentido, casual, pero agradecí que sus ojos me hubieran pertenecido durante menos de un minuto.
Y lo de después, creo que no merece la pena contarlo. Él se levanto aturdido y salió de la habitación con el móvil en la mano. Y, mientras que ululaban por la habitación sus susurros de amor, me sentí verdaderamente dichosa por experimentar esa sensación, por saber que aún quedaba algo de vida por mis venas, que podría comprender un poco más el hechizo del amor y que, a pesar de que el sentimiento no fuera correspondido, me sentía totalmente satisfecha.
Hoy, cuando regresé a casa, mi corazón aún guardaba calor. Ahora, sobrecogida, te escribo esto con rubor en las mejillas y con la esperanza de que algún día puedas leerlo sin despecho. ¿Has escuchado alguna vez la frase “la mirada es el lenguaje del corazón”? Yo, al fin, creo que la entiendo. Es algo tan indescriptible…
Lo mejor será que empiece por el principio. Como uno de cuantos días, me siento en mi silla, frente a mi pupitre, durante gran parte de la mañana incluidos los intercambios de clase. Hace demasiado frío como para incluso ponerse en pie. En cambio, tú sales a los pasillos en busca de tus compañeros del aula de al lado. Bueno, eso es lo que quiero pensar… Porque a veces, sé que te vas con ella y maquillo la impotencia de mi corazón. Ella es guapa, lo sé, no puedo hacer nada, simplemente resignarme como siempre al trascurso del tiempo. Hay ocasiones en las que la paciencia de uno se impacienta. Realmente mi vida se ha basado en la paciencia, la paciencia de los sueños…
Bueno, volviendo al tema, siempre trato de, ridículamente, llamar tu atención. Me acerco a ti como sea e investigo sobre tu vida fuera del colegio. Hay veces que, gracias a comentarios estúpidos que hace el grupo, consiguen arrancarte una sonrisa, algo que también me cautiva, pero no es nada comparado con lo que emiten tus ojos.
Dicho y hecho; nuestras miradas se encuentran. Y mi sonrisa se borra y mis ojos se abren. Y encuentro la razón por la que ocupas en mi mente tantas horas. Ese brillo, esa claridad, ese… todo. Todo y nada. Mil y una emociones se cruzan por mi corazón. ¿Me gusta? ¿Me atrae? ¿O es que yo estoy…? No me atrevo ni siquiera a preguntarlo. Otra vez no. Me mantendré al margen. Lo que ocurre, es que nunca estoy preparada para esa mirada.
Es un sentimiento tan profundo que lo tienes que vivir para conocerlo a fondo. El corazón se frena y sientes que todo se detiene, aunque sabes que no y por eso deseas que nunca acabe y vuelvas a lo de siempre. Deseo abrazarte con mucha fuerza y no soltarte nunca más, poner la cabeza apoyada en tu hombro y escuchar tu corazón, sí, tus latidos junto a tu respiración. Y mirarte, mirarte siempre. Porque en tus ojos veo una realidad posible, una realidad para los dos que no he encontrado en ningún lugar más que allí. Espero fervientemente que tu mirada algún día me acoja porque cuando no la tengo, mis sueños se escapan.
No te preguntes más por qué estoy constantemente mirándote a hurtadillas y embobada. No preguntes. Ya lo sabes. Sé que no está bien, que no será mía, pero dame tiempo para encontrar algo parecido, dame tiempo, mucho tiempo. No es fácil buscar dos ojos en los que bucear entre millones en los que sólo puedes chapotear.
Por ahora, déjame bucear en tu mirada.
No olvides que tú eres la fuente de inspiración de mis sueños.
Soy devota de las cosas buenas, bonitas y espléndidas. Sin embargo, mi corazón se emociona al ver personas de tan buena maña. Hoy dedico mi entrada a aquellas personas cuyas ideas son nítidas y nada egoístas, tratando de aportarle algo suculento al mundo. En las que en sus ojos no existe el cansancio y viven por el cambio. Que lloran cuando es necesario y toman su destino con valentía. En definitiva, esas personas por lo que merece la pena el mundo y el esfuerzo.
Y yo os admiro. Siempre tendréis un hueco aquí dentro.
Un brindis por esas personas de las que, estoy segura, siguen aquí, alargando la vida del mundo.